HISTORIA

Yécora

Yécora asoma muy pronto en la historia. Ya en la Edad Media aparece citada en documentos ligados a San Millán de la Cogolla, con nombres antiguos como Equora o Ecora, una señal de que este lugar ya formaba parte del mapa del territorio hace siglos, cuando se estaban fijando pueblos, límites y dominios.

Pero lo más sugerente es que su historia no empieza ahí. En el término se recuerdan despoblados como Esquide y San Millán, y también se conserva la huella de un pasado mucho más antiguo en el Pago de Eskide, donde se ha identificado un poblado fortificado del Bronce Final y la Edad del Hierro, con indicios de ocupación posterior. Y, junto a todo ello, la existencia histórica de numerosas ermitas ayuda a entender la importancia que tuvieron la religión popular y las romerías en la vida de la zona.

Una historia que empieza mucho
antes de la Edad Media.

Fuente neoclásica
Puerta de la Iglesia de San Juan Bautista
Fachada Ayuntamiento de Yécora

Título de Villa

Durante siglos, Yécora fue una aldea dependiente de Laguardia, dentro de la organización tradicional de la comarca. El cambio decisivo llegó en 1669, cuando el rey Carlos II le concedió el título de villa, un reconocimiento que marcó un antes y un después en su historia.

Este título significaba, en la práctica, más autonomía y un mayor peso institucional para la localidad. Para entenderlo de forma sencilla: Yécora dejaba de ser solo un núcleo subordinado y pasaba a consolidarse como villa con entidad propia, reforzando su identidad y su capacidad de gobierno local. Es una fecha clave para situar a Yécora en la historia de la zona y explicar el orgullo con el que se recuerda este paso.

Poblado de Eskide

En el término de Yécora se encuentra el Pago de Eskide, un lugar especialmente interesante porque allí se ha identificado un poblado fortificado. Se trata de un enclave muy antiguo, con ocupación en el Bronce Final y la Edad del Hierro, y con indicios de presencia también en épocas posteriores.

Este tipo de asentamientos solían situarse en puntos estratégicos, fáciles de defender y con buena visibilidad del entorno. Por eso, Eskide se entiende como una pieza clave para imaginar cómo era la vida aquí hace miles de años: comunidades que buscaban seguridad, control del territorio y cercanía a recursos básicos.

Hoy, su valor es sobre todo histórico y arqueológico. No es un “monumento” al uso, pero sí un lugar que aporta contexto y profundidad a la visita: Yécora no solo tiene historia medieval y moderna, también conserva memoria de un pasado mucho más remoto bajo su propio suelo.

Vista aérea del centro de Yécora
La iglesia de fondo vista desde una de las entradas de Yécora

Las 13 ermitas

La tradición y la documentación histórica recogen que Yécora llegó a contar con un número muy alto de ermitas en su término, lo que da una idea de la importancia que tuvieron la devoción popular, las romerías y los caminos del entorno durante siglos. Cuando se habla de “las 13 ermitas”, se está evocando ese paisaje de pequeños santuarios y lugares de culto que marcaban la vida religiosa y social de la zona.

Aunque muchas no han llegado hasta nuestros días, el recuerdo de ese conjunto ayuda a entender cómo se organizaba la vida tradicional: cada ermita era un punto de referencia, ligado a fiestas, promesas, encuentros y celebraciones. Entre las más emblemáticas destaca la ermita de la Virgen de Bercijana, muy vinculada a la identidad local y al patrimonio religioso de Yécora.

Este legado convierte el entorno en algo más que un paseo. Es una forma de acercarse a una historia hecha de costumbres, lugares de reunión y tradiciones compartidas, que aún hoy siguen formando parte de la memoria del pueblo.

Ayuntamiento de Yécora
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